Los dos terremotos ocurridos en Venezuela el 24 de junio del presente año fueron realmente devastadores. Una cosa es contarlo y otra es vivirlo. El primer terremoto fue de 7,2 y el otro ocurrió aproximadamente 39 segundos después con una magnitud de 7,5.
Ese día yo me encontraba caminando hacia la montaña con mi hija y arriba en esa montaña hacía un viento frío... básicamente estábamos solas en ese lugar, luego llegó un chico y se puso a hacer ejercicios. Así pasó la tarde, contemplábamos la montaña y disfrutábamos del silencio y el paisaje... posteriormente decidimos bajar hasta la ciudad, justo cuando abrí la puerta de la casa a eso aproximadamente de la 6:04 de la tarde comenzó una especie de ondulación e inmediatamente se fue la energía eléctrica, en su momento no sabía que era lo que estaba ocurriendo, pensaba que la ondulación que sentía en el suelo se debía a un auto que había pasado por la calle con alta velocidad. Luego que pasa el auto ya no se sentía la ondulación, sino que comenzó la vibración de la casa, las paredes se movían, los cuadros, realmente todo empezó a sonar y se escuchaba un ruido extraño. Mi hija y yo nos abrazamos, pero en ese momento no sentí miedo, estaba sorprendida, me parecía irreal de que estuviésemos sintiendo un terremoto.
Después que nos abrazamos, nos sostuvimos de un mueble en la sala de la casa porque comenzó a sentirse mas fuerte, ya todo se movía mucho más, nos refugiamos en un lugar de la casa mas seguro, pero hubo un momento en el que sentí que nunca acabaría ese episodio, realmente fue muy largo, al menos así se sintió. Se escuchaban los gritos de las personas, algunas salieron a las calles, realmente fue una pesadilla. Sentí miedo en ese momento donde no acababa de culminar ese terremoto, pero en ese momento ore a Dios y le pedí que calmara la tierra.
Cuando terminó el terremoto mas fuerte nuestras piernas quedaron como vibrando... siguieron las réplicas ese día y el temor aumentaba. No sabíamos realmente donde había sido el epicentro del terremoto, tampoco sabíamos que había sido un doble terremoto, no teníamos electricidad para ver las noticias en la televisión y tampoco había señala de internet en nuestros teléfonos. A eso de las 12:30 de la madrugada fue que nos restablecieron la energía eléctrica y pude enterarme de la magnitud de lo sucedido y la devastación del estado la Guaira.
Los estados mas afectados en Venezuela fueron La Guaira, Distrito Capital, Carabobo, Aragua, Miranda y Lara. Pero los mas afectados fueron La Guaira y Distrito Capital (Caracas). En el estado Aragua, donde vivo hubo edificaciones caídas, edificios, daños graves, medios y leves y lo mas triste pérdidas humanas.
Ese día comprendí mas de cerca que no tenemos el control de nada, que somos unas simples personas en este planeta tierra y que en un abrir y cerrar de ojos nuestros planes, metas y sueños pueden cambiar. Ese mismo día del doble terremoto entre todos los venezolanos comenzamos a ayudarnos y enviar todo lo necesario para las personas que quedaron sin familia, sin viviendas ni alimentos. Todos aportamos un granito de arena para ayudar al prójimo, a nuestros hermanos que necesitaban de cada uno de nosotros.
Volver a la normalidad después de esta tragedia y todo lo vivido no ha sido nada fácil. Ahora estamos más alertas ante cualquier situación extraña o movimiento. Hace poco hubo dos réplicas muy superficiales que se sintieron bastante y eso trae a la memoria lo ocurrido el 24 de junio. Sin embargo, yo me encomiendo a Dios y tengo fe de que todo estará bien.
En Venezuela llevamos varios años enfrentado crisis y situaciones bastantes triste y, este año, de verdad que ha sido muy impactante, espero y tengo fe de que poco a poco vaya mejorando todo. Sin embargo, a pesar de todas estas situaciones adversas muchos mantenemos optimismo y alegría, lo que nos hace resistir y ver a pesar de las sombras, la luz y lo bonito de la vida.
Les comparto dos fotos del estado la Guaira que tomé en el 2016, donde se observa nuestro hermoso mar caribe.


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